“Los animales son criaturas de Dios, que
los rodea de su solicitud providencial (cf Mt 6, 16).
Por su simple existencia, lo bendicen y le dan gloria (cf Dn 3, 57-58). También los hombres les
deben aprecio. Recuérdese con qué delicadeza trataban
a los animales san Francisco de Asís o san Felipe Neri”. Catecismo de la Iglesia Católica, 2416.