VOLUNTAD Y LIBERTAD II



El obrar humano deliberado mira siempre a un fin último o bien supremo.



El fin último es querido por sí mismo y no en orden a otra cosa.



No vale decir que la vida de una persona se descompone en parcelas cada con su fin último: trabajo, familia, descanso, etc. porque si llega el momento en que hay conflicto entre ellos, el sujeto tendrá que decidir entre uno u otro, y lo hará en función de lo que piensa que es el bien global de su vida.



El fin verdaderamente último es completo y autosuficiente, y no deja nada fuera de sí.



Único no quiere decir excluyente de los demás. Más bien habría que decir inclusivo, que actúa como principio o criterio ordenador de otros muchos bienes, articulándolos en un proyecto de vida.



Los fines no últimos y el fin último no se relacionan entre si como los medios y el fin. Más bien su relación es como la de las partes al todo.



El fin último, lo que queremos hacer con nuestra vida, está siempre presente de alguna manera. Nuestros juicios y decisiones presuponen un cuadro de referencia del que no es posible prescindir porque este cuadro no es otra cosa que nuestra identidad personal.



. Lo que una persona hace o no hace solo es comprensible si sabemos lo que esta persona quiere ser, o sea, si sabemos lo que ama.



Subjetivamente cada persona puede poner su fin último en alguna realidad creada, pero objetivamente el fin último sólo puede ser Dios, porque Dios es todo el Ser y, por tanto, todo el bien.



Solo con la libertad puede el hombre lograr aquello para lo que ha sido hecho, que en el fondo es amar y ser amado. Pero también conviene conocer sus límites, que existen.



Reconocer la libertad de cada mujer y de cada hombre significa reconocer que son personas: dueños y responsables de sus propios actos, con la posibilidad de orientar su propia existencia.



Aunque la libertad no siempre lleva a desplegar lo mejor de cada uno, nunca podremos exagerar su importancia, porque si no fuéramos libres no podríamos amar” (Fernado Ocariz Carta 9.I.18).



Dimensiones de la libertad
Hay libertades innatas y libertades adquiridas.



La libertad constitutiva y la libertad de elección, son innatas Dios nos ha creado libres y lo somos independientemente de lugar, tiempo y demás circunstancias.
El embrión, el presidiario



La libertad constitutiva (o trascendental, u ontológica, o fundamental)



Consiste en el hecho originario de que persona humana es potencialmente infinita: puede conocer la verdad, está abierta a todo lo que es, y puede querer todo lo que la inteligencia le presenta como bueno.



Esta libertad interior fundamenta la dignidad de la persona



La libertad constitutiva es apertura a todo lo real, es la constitutiva apertura de nuestro ser al ser en general y en cuanto ser.



La libertad constitutiva es también actividad. La libertad constitutiva es inclinación a autorealizarse, a alcanzar el fin de la naturaleza humana del modo que decida hacerlo.



La libertad hace que el hombre sea causa de si mismo en el orden de las operaciones, se mueve a sí mismo hacia donde quiere para alcanzar la plenitud.



La persona humana es un ser abierto con capacidad para que otras realidades entren en él o que ella misma salga de su interior.



La libertad de elección.



Todo bien que puede presentar la inteligencia es un bien finito, incapaz de llenar la capacidad potencialmente infinita de querer de la voluntad.



Por tanto, la voluntad siempre queda libre, no determinada a elegir un solo bien, siempre puede comparar ese bien con otro



La voluntad tiene dominio sobre los propios actos, la posibilidad de elegir una cosa u otra o no elegir sin estar movido por necesidad.



La libertad de elección o libre albedrío tiene pues un aspecto negativo: la indeterminación; y un aspecto positivo: el dominio.



Es la libertad interior de querer, de proponernos fines y de elegir el modo de realizarlos, sin que estas decisiones resulten necesarias en virtud de alguna fuerza que resida y actúe desde el interior del sujeto. Negar la existencia de este aspecto de la libertad en el hombre sería determinismo .



Los intereses inclinan la voluntad en un cierto sentido, pero no anulan la libertad.



Autodeterminación: es el sujeto, el yo quien decide, se determina, se conduce, y no otro. Es la libertad de ejercicio: es el sujeto el que se conduce a sí mismo, decide el ser o no ser de la acción.



Tenemos libertad constitutiva y tenemos libertad de elección. Pero la elección puede ser acertada o desacertada.



. Cada decisión libre deja una huella en la naturaleza. Cualquier elección repercute en el propio sujeto, lo modifica como persona. No da lo mismo elegir una cosa que otra.



Hay elecciones que nos enriquecen como personas y otras que nos empobrecen.



Y con la persona va la libertad: hay elecciones que nos hacen crecer en libertad y elecciones que nos hacen disminuir en libertad, nos esclavizan.



Hay, por tanto, una dimensión de la libertad que se adquiere, se conquista haciendo un buen uso del libre albedrío.



Un conjunto de decisiones libres en la misma dirección crea un hábito. Si la decisión ha sido buena el hábito se denomina virtud, que viene de vis, fuerza.



La virtud fortalece las capacidades del hombre hacia el bien. Es una facilidad adquirida para elegir lo conveniente.



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