María no sería Madre de
Dios porque en Jesús habría dos personas: una divina y otra
humana, y María sería madre de la persona humana de Cristo.
La unión entre la naturaleza divina y
la humana sería sólo una unión moral entre dos sujetos.
Identidad de voluntad, pero no se
podría decir que el Hijo de Dios nació de María, murió, etc.
Refutado por San Cirilo de Alejandría y
condenado por Éfeso (431).
Unión de las dos naturalezas de Cristo
en la Persona (hipóstasis) divina del Verbo, única en Cristo.
Por eso María es verdaderamente Madre
de Dios: de Ella nació el Verbo según la carne.
Monofisismo:
Eutiques, superior de un monasterio de
Constantinopla (s. V), afirma que después de la Encarnación hay
una sola naturaleza en Cristo, compuesta de la divina y la humana,
aunque la humana habría sido absorbida en la infinita persona del
Hijo de Dios.
Condenado por San León Magno (440-461)
y Calcedonia (451)
“Hay que confesar a un solo y mismo
Hijo y Señor nuestro Jesucristo: perfecto en la divinidad, y
perfecto en la humanidad; verdaderamente Dios y verdaderamente
hombre .
(...). Se ha de reconocer a un solo y
mismo Cristo Señor, Hijo único del Padre, en dos naturalezas, sin
confusión, sin cambio, sin división, sin separación. (...)
Quedan a salvo las propiedades de cada
una de las naturalezas”.
Una hipóstasis o individuo es una
substancia individual completa, subsistente en sí misma,
independiente en su ser de otros individuos.
Se llaman “personas” a las hipóstasis
más dignas, los seres racionales que son dueños de sus actos.
Naturaleza es la esencia en cuanto
principio de operaciones (ej.:la naturaleza de Pedro es su
condición humana con sus facultades propias por las que actúa como
hombre).
La distinción entre una naturaleza y la
persona que la posee es una distinción entre una parte y el todo.
Ej.: Pedro es la persona, el todo, y la naturaleza es una parte de
él que le especifica.
La unión de las dos naturalezas en
Cristo es una unión hipostática (en la persona).
No tiene semejanza con ninguna otra
unión.
La conocemos por la fe.
La naturaleza humana de Cristo es
íntegra y perfecta, pero no es una persona humana, ni es un sujeto
distinto del Verbo.
Constantinopla II (553)
“confesó a propósito de Cristo:
‘No hay más que una sola hipóstasis (o persona) que es nuestro
Señor Jesucristo, uno de la Trinidad’.
Por tanto, todo en la humanidad de
Jesucristo debe ser atribuido a su persona divina como a su propio
sujeto, no solamente los milagros sino también los sufrimientos y
la misma muerte” (CCE 468).
La Encarnación no supuso cambio alguno
en el Hijo de Dios, que es inmutable.
Sólo hay cambio en la naturaleza humana
que comienza a existir elevada inefablemente a la unión personal
con el Verbo.
La Persona de Cristo no es causada por
la unión de las dos naturalezas, sino que es eterna.
Cristo no “es” o existe por su
naturaleza humana, sino que por ella “es hombre”.
Cristo en cuanto hombre no es hijo
adoptivo por la gracia que tiene, pues su humanidad no constituye
ningún sujeto personal que pudiera ser hijo.
El Hijo de Dios (Persona) es Hijo de
María, pues ha nacido verdaderamente de Ella según su naturaleza
humana.
Nacen personas, no naturalezas.
Para unos autores recientes la
personalidad consistiría en la apertura de la conciencia humana al
ser en general, al infinito, o sea a Dios.
Pero entonces, como en Cristo hay un
centro de conciencia humano referido a otro centro de conciencia
divino, habría dos subjetividades en Él: una divina (Dios),otra
humana (Cristo).
Jesús será un hombre en quien tiene
lugar la revelación suprema de Dios.
Esas teorías reducen la realidad de un
ser a uno de sus actos: la persona sería la simple conciencia de
sí.
Lo cual es un error, pues toda
operación vital -como lo es la conciencia- requiere un sujeto
operante, que es la persona.
La persona no se identifica con su
conciencia, ni se constituye por ella: la persona es quien tiene
esa conciencia de sí.
El Hijo de Dios ha hecho partícipe a la
humanidad asumida de la dignidad de su persona: al expresar el
misterio de la Encarnación se da una especie de comunicación de
propiedades entre lo humano y lo divino, que se llama
“communicatio idiomatum”.
A la única persona de Cristo hay que
atribuir tanto todas las propiedades y acciones de su naturaleza
divina como las de su naturaleza humana (ej.: se puede decir “Dios
ha nacido de María” o “ha muerto por nosotros”).
No se puede atribuir a una naturaleza
de Cristo las propiedades y acciones de la otra (ej.: no se puede
decir que la divinidad ha nacido en el tiempo).
Sí se puede reduplicar:
“Jesús, en cuanto Dios...”;
“el Hijo de Dios, en cuanto hombre...”.