¿Cómo es Dios ?

Deus est ipsum esse per se subsistens, Summa Theologiae I, q. 44, a. 1



El SER y la EXISTENCIA

Todo lo que podemos saber filosóficamente de Dios es a través de las cosas que ha hecho.



Los atributos entitativos



SIMPLE

Simplicidad significa ausencia de composición. “Simple” quiere decir que es uno, pero no en la forma de la unificación de elementos o partes, como un compuesto, sino uno en el sentido de que excluye radicalmente cualquier estructura o composición. En el fondo la simplicidad es consecuencia de ser Acto puro, sin ninguna potencialidad sino que es forma plenamente realizada.



INFINITO

Es también consecuencia de la noción de Acto puro. Plenitud de perfección, perfección sin límites: eso significa la infinitud..



UNICO

Es consecuencia, a su vez, de la infinitud. Si hay algún ser infinito sólo puede ser uno. Esto es directamente una refutación del politeísmo, que afirma que hay muchos dioses. Sólo puede haber un ser que sea la plenitud de perfección



TRASCENDENTE

Dios no puede identificarse con el mundo: tiene que ser otro-que él. En cierto modo así discurre la quinta vía: una suprema inteligencia ordenadora no puede ser lo mismo que el mundo ordenado por ella, de la misma manera que un programa informático exige que haya un programador: no se puede auto-programar. La inteligencia suprema ordenadora ha de ser distinta al mundo.



INMUTABLE

Está explícitamente señalada en la conclusión de la primera vía, que demuestra la existencia de un primer motor inmóvil. Dios no sólo no cambia de hecho, sino que no puede cambiar, mutarse. Ahora bien, un ser que es Acto puro, sin mezcla de potencia pasiva ninguna, es algo a lo que nada le falta. Y para que algo pueda cambiar sería menester que le faltara lo que mediante el cambio conseguiría. En consecuencia, el Acto puro es, por definición, inmutable.



ETERNO

Se deriva, a su vez, de la inmutabilidad. De acuerdo con Aristóteles, la noción de eternidad es un concepto negativo: ausencia de tiempo. Ahora bien, el tiempo es la medida del movimiento. En efecto, todo cambio se entiende por relación de un antes y un después. En consecuencia, para un ser que no admite radicalmente cambio alguno, tampoco puede haber tiempo, que es la medida del cambio.



LOS ATRIBUTOS OPERATIVOS

(Operari sequitur esse, et modus operandi sequitur modum essendi (Tomás de Aquino, In III Sent., dist. 27, q. 1 a. 1, sol.)



En Dios no pueden ser realmente distintos su obrar y su ser. Si Dios es Acto puro no puede ser realmente distinto de sus operaciones. En Dios es idéntico su ser y su obrar.



OMNISCENTE

Según Santo Tomás de Aquino, el conocimiento de Dios (o ciencia divina) puede ser de dos tipos. Por virtud de la ciencia que llama de simple inteligencia, Dios conoce todo lo meramente posible que, aunque no llegue nunca a ser real, cae bajo su dominio omnipotente en la forma de poder ser. Mientras que con la ciencia de visión Dios conoce lo que de hecho ha accedido al ser –tanto lo presente como lo pasado y futuro- mediante el decreto de su voluntad creadora, a la que esencialmente la ciencia de visión está unida. La ciencia divina, por tanto, es lo abarca todo. Nada escapa a la omnisciencia de Dios: ni lo efectivamente real ni lo posible.



LEY ETERNA

La Ley eterna expresa ese decreto universal de una voluntad que quiere lo mejor para las criaturas. La concreción de la Ley eterna para el caso de las criaturas racionales es la Ley moral natural, que a diferencia del resto de la Ley eterna –impuesta a criaturas irracionales que la obedecen necesariamente-, Dios “propone” a la voluntad libre de las criaturas personales.



Los atributos operativos transeuntes



La Creación

La creación es el primer atributo operativo transeúnte. Que Dios es creador es una conclusión explícita en la tercera vía. Ese argumento desemboca en la existencia de un ser absolutamente necesario, del cual todos los demás dependen, sin él depender de ningún otro. Tal ser es la causa del ser de todo lo que no es él. Eso es exactamente lo que significa el concepto de creación: si hay algo, hay Dios.



La Conservación

La segunda operación transeúnte es la conservación. Dios no se limita sólo a hacer que algo sea, sino que hace que persevere en el ser, que se mantenga siendo. En contra de lo que pensó Spinoza, Dios no es una especie de relojero del mundo, que al crearlo le da cuerda, lo pone en marcha y luego se olvida de él pues ya funciona con su propia inercia. Tomás de Aquino argumenta de forma muy eficaz que Dios no sólo es causa de que algo comience a ser, sino también de se mantenga siendo.



Si Dios no existiese no habría absolutamente nada (si Deus non daretur, non daretur nihil).



Providencia y gobierno

También son acciones transeúntes de Dios la providencia y el gobierno. La expresión “providencia” añade el matiz del cuidado amoroso que pone Dios en la organización del ser y del obrar creatural.



El concurso

Se trata de la intervención conjunta de Dios en el obrar de las criaturas. Si Dios es el origen y fuente de que l as criaturas sean y se mantengan siendo, también ha de ser origen y fuente de que éstas actúen. Al mantenerlas en el ser, las mantiene igualmente en su modo más o menos activo de ser, en su operación; o sea, sustenta también el modo de obrar que es acorde con su naturaleza propia.



Ahora bien, sustentar el ser-activo de una criatura personal implica, para Dios, conservarla en su libre actuación. Si el obrar sigue al ser, y el modo de obrar al modo de ser, el obrar libre es consecuencia de ser libre, y es algo que en modo alguno puede sustraerse a la intervención concurrente de Dios.



Aquí se plantea el problema del mal uso de la libertad humana. Dios ha querido ”correr el riesgo” de una libertad creada, y así ha querido ser coherente con lo que ha hecho al crear seres libres. Quiere el bien del hombre, pero su propio bien no puede serlo del todo si no es con-querido igualmente por el hombre.



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