THE SHACK
Comienza entonces para la familia "la gran tristeza”, una enfermedad que corroe
el alma y a la que Mack no consigue adaptarse. Le carcome el dolor por la
ausencia de la niña, pero también preguntas que dirige a Dios y para las que no
consigue respuesta. ¿Por
qué ella? ¿Por qué yo? ¿Por
qué la inocencia perece a manos de la iniquidad?
Años después de una tragedia que siente aún vivísima, Mack es convocado misteriosamente a un lugar maldito para él: la cabaña donde se encontraron las evidencias físicas del crimen.
Acude con el temor de que se trate del asesino, pero intrigado al mismo tiempo porque la forma de la convocatoria apuntaría a que podría ser Dios quien le reclama. Y lo que se encontrará, tras un duro momento de evocación de su hija y de rebelión contra el Creador por su muerte, es a tres personas: una mujer negra, un hombre joven de apariencia palestina e indumentaria de trabajador (el israelí Avraham Aviv Alush) y una mujer de aspecto grácil y rasgos asiáticos.
Si decimos que en La cabaña esos tres personajes representan a las tres personas de la Santísima Trinidad, respectivamente Padre, Hijo y Espíritu Santo, podrá pensarse que estamos ante una obra irreverente y blasfema. No es así, aunque desde luego pueda cuestionarse la oportunidad de la caracterización, la necesidad de semejante choque icónico, e incluso, salvo en el caso de Jesucristo, la legitimidad de esa antropomorfización.
William Paul Young es protestante evangelista
Robert Barron, hoy obispo auxiliar de Los Ángeles, valoró en su día el libro ensalzando que presentase a Dios al lector (también al espectador hoy) "no como una vaga abstracción, ni solo como un Dios uno", sino también como "un Dios trino", esto es, el "Dios cristiano".
En La cabaña Dios "no es un poder distante, como en el deísmo, sino alguien que nos conoce íntima y personalmente, y es alguien a quien podemos hablar como a un amigo; ésa es la finalidad de toda la vida espiritual, entrar en amistad con Dios". Barron señala también que "la forma en que se resuelve el problema central (cómo concilias un sufrimiento terrible con el amor infinito de Dios) es una forma bíblica, la del libro de Job y la de la perspectiva total de Dios, a la que no podemos ni aproximarnos". El libro y la película invitan así "a confiar en Dios aunque no puedas ver claramente que es lo que Dios está haciendo".
Todos esos son los aspectos positivos. Barron lamenta, sin embargo, que en algunos momentos, "Dios suena demasiado como Martín Lutero", y La cabaña presenta "una lectura muy protestante" sobre "la ley y la religión" o sobre "la ley y la gracia". Lutero las opone, los católicos no: "La ley es la estructura lógica de la vida espiritual", no es "la enemiga de la gracia", sino "su socia". La "religión estructurada" y "el orden y la ley moral" "no se oponen a la misericordia de Dios, sino que son los elementos estructurales de la vida espiritual".
En efecto, tal como señala Barron, hay momentos en La
cabaña en
los que se
equipara a todas las religiones o
se censuran las estructuras intermediarias entre Dios y los hombres, por tanto la
Iglesia misma
Incluso hay alguna desconsideración
a la Biblia como
expresión fijada de la Palabra de Dios.
En ese sentido, en La
cabaña los errores
dogmáticos son
abundantes,una herejía del siglo II según la cual Dios Padre se habría encarnado
en Jesucristo, sufriendo la Pasión; errores sobre el Espíritu Santo, como si
solo procediese del Hijo; un Dios tan inclinado a la misericordia que parece
no dejar lugar a la justicia ni al castigo de los pecados,
de tal forma que no queda claro si el infierno existe o no, o al menos si hay
alguien en él o lo habrá en el futuro; o el aire New Age de ciertas expresiones
y actitudes del "Espíritu Santo".
Pantalla 90 que es la revista digital del Departamento de Cine de la Comisión Episcopal de Medios de la Conferencia Episcopal Española, dice:
Partimos de la base de que la valoración que hacemos de La cabaña es muy positiva, incluso desde una perspectiva católica, a pesar de la clara impronta protestante de algunos de sus planteamientos.
Propone una interesante catequesis –digámoslo así- sobre el perdón, incluso el perdón a uno mismo, así como sobre el dolor como ocasión de bien.
Hay algunos aspectos susceptibles de matizar, y que en ningún caso suponen una objeción insalvable o enmienda a la totalidad. En esa especie de terapia trinitaria, se echa de menos alguna alusión mayor al sacrificio redentor de Cristo, que en ciertas escenas hubiera sido absolutamente necesaria. En la versión americana del film sí que se encuentra una escena explícita, que en la copia que se distribuye en España desgraciadamente no está. También podría haber sido más rico y desarrollado el tratamiento de la libertad humana,
Pero quizá lo más llamativo es el sutil tono de manual de autoayuda buenista que atraviesa todo el proceso de transformación del personaje, y que inevitablemente está aderezado de voluntarismo, y sobre todo, de moralismo, por otra parte de raíces tan protestantes.
Finalmente, como es de suponer, la película subraya la relación directa con Dios, y en ningún momento se presenta la comunidad cristiana como el lugar donde vuelve a hacerse tangible la presencia real e histórica de Cristo.Respecto a que Dios sea una mujer, de raza negra, o que el Espíritu Santo sea una joven oriental de evocaciones hippies, no parece demasiado relevante. Es pura corrección política, pero no tiene nada a priori reprochable.