LA VIDA ETERNA

La vida eterna es la plenitud de comunión de los hijos de Dios con el Padre en Cristo por el Espíritu Santo. Esa bienventuranza redundará en el hombre entero, cuerpo y alma.





El Cielo consiste en la perfecta comunión de vida y amor con la Santísima Trinidad, la Virgen Santísima, los ángeles y todos los bienaventurados. Es ‘estar con Cristo’.



CCE 1023. “Los que mueren en la gracia y la amistad de Dios y están perfectamente purificados, viven para siempre con Cristo. Son para siempre semejantes a Dios, porque lo ven "tal cual es" (1 Jn 3, 2), cara a cara (cf. 1 Co 13, 12; Ap 22, 4)”



«Ni ojo alguno vio, ni oreja oyó, ni pasaron a hombre por pensamiento las cosas que tiene Dios preparadas para aquellos que le aman» (1 Co 2, 9).




 

“¿Qué será ese Cielo que nos espera, cuando toda la hermosura y la grandeza, toda la felicidad y el Amor infinitos de Dios se viertan en el pobre vaso de barro que es la criatura humana, y la sacien eternamente, siempre con la novedad de una dicha nueva?” (Surco, 891).




 

Es bueno pensar en él, desearlo. Es nuestro fin, la meta y el premio hacia donde nos encaminamos.

 
 
 


 

La intimidad con Dios en la tierra, aunque parcial e imperfecta, es una primicia de la bienaventuranza: “Cada vez estoy más persuadido: la felicidad del Cielo es para los que saben ser felices en la tierra” (Forja n.1005,1006; Camino, n. 255).



La visión beatífica Es el conocimiento intuitivo de Dios, directamente, sin intermediarios.



Para que la criatura pueda alcanzar este conocimiento de Dios necesita que su entendimiento sea fortalecido y elevado sobrenaturalmente. Esta ayuda y capacitación se llama lumen gloriae, luz de la gloria.



Se ve a Dios como es en sí mismo: uno en esencia y trino en personas, junto con sus atributos esenciales. Y en Dios y por Dios se ve también el mundo y las otras personas, en su luz verdadera


 


En el cielo veremos a Dios, pero no veremos a Dios totalmente.


 

 

Si vida eterna significa sobre todo comunión del hombre con Dios, entonces el estado de bienaventuranza del hombre implica su total plenitud, que abarca todas las dimensiones humanas: la satisfacción intelectual, la fruición de la voluntad amorosa, la glorificación del cuerpo, el deleite de los sentidos.


 

La comunión feliz con Dios, que se incoa en la tierra y se consuma en el Cielo, posee entraña trinitaria:unas relaciones diferenciadas con las tres personas divinas, de acuerdo con el orden que Padre, Hijo y Espíritu Santo guardan entre sí.


 

 

El «cielo» o la «bienaventuranza» en la que nos encontraremos no es una abstracción, ni tampoco un lugar físico entre las nubes, sino una relación viva y personal con la santísima Trinidad. (S.Juan Pablo II. Discurso en la Audiencia general del 21 de julio de1999)


 

Esta deificacion del alma redundara tambien en el cuerpo con las mismas caracteristicas que Jesus resucitado


 

El gozo del cielo sacia todos los anhelos del hombre y es eterna .


 

Verdad de fe:Creo en la vida eterna. Propiamente es la vida perdurable.


 

La gloria accidental proviene de la presencia de la Huminidad de Cristo, de la Virgen Santisima, de los Angeles, los santos y de nuestros seres queridos en la tierra


 
 
 



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