CCE 1267: “De las fuentes bautismales
nace el único pueblo de Dios de la nueva Alianza que
trasciende todos los límites naturales o humanos de las
naciones, las culturas, las razas y los sexos”.
La Iglesia trasciende las culturas creadas por la humanidad,
pero al mismo tiempo vive en ellas y realiza su cometido
santificador y salvador a través de ellas.
La cultura se manifiesta no solamente
en los aspectos intelectuales, educativos y artísticos de la
sociedad: comprende también la técnica, la política, la
economía, y otros campos de la actividad humana donde se
despliega la creatividad del hombre.
Evangelii
Nuntiandi 20 (1975): “La ruptura entre Evangelio y cultura es
sin duda alguna el drama de nuestro tiempo, como lo fue
también en otras épocas. De ahí que haya que hacer todos los
esfuerzos con vista a una generosa evangelización de la
cultura, o más exactamente de las culturas. Estas deben ser
regeneradas por el encuentro con la Buena Nueva. Pero este
encuentro no se llevará a cabo si la Buena Nueva no es
proclamada”.
Idem:
“Lo que importa es evangelizar (...) la cultura y las culturas
(...) tomando siempre como punto de partida la persona y
teniendo siempre presentes las relaciones de las personas
entre sí y con Dios”.
En las enseñanzas de Juan Pablo II
sobresale el tema central de la verdad, como valor último
capaz de ser conocido por el hombre, y al que éste debe
tender. El Papa tiene en cuenta la autonomía de la cultura
dentro de un marco general configurado por los principios de
la verdad, la libertad y una idea cristiana del hombre,
creado por Dios y llamado a un destino eterno.
La
globalización hace del mundo un único ámbito cultural, lo cual
plantea a la evangelización y a la cristianización de las
profesiones unas posibilidades que antes eran desconocidas.
JJuan Pablo II ha creado, en mayo de
1982, el Consejo Pontificio para la Cultura, con el fin “de
imprimir en toda la Iglesia un impulso vigoroso, y hacer a
todos los responsables y a todos los fieles, conscientes del
deber que nos incumbe de prestar atención al hombre moderno,
no ya para aprobar todos sus comportamientos, sino para
descubrir sobre todo sus esperanzas y sus aspiraciones
latentes” (Alocución 19.1.1983).
LA DIVERSIDAD DE LA CULTURA HUMANA
REPERCUTE TAMBIÉN EN EL CAMPO DE LA TEOLOGÍA.
El pluralismo teológico no
indica relativismo dogmático ni significa que todas las
opiniones religiosas sean igualmente válidas. Expresa el
hecho de que existen diversos modos legítimos de reflejar la
única verdad revelada.
EL FUNDAMENTO DEL PLURALISMO TEOLÓGICO
SE ENCUENTRA EN LA SAGRADA ESCRITURA.
La variedad de los libros de la
Biblia habla de una pluralidad de estilos, lenguajes y
métodos.
El NT usa, por ejemplo, una gran
diversidad de expresiones para mostrar la identidad de
Jesucristo: se aprecia en los títulos cristológicos (Señor,
Cristo, Hijo de Dios, Siervo de Yahveh, etc.).
LA TEOLOGÍA CRISTIANA PRESENTA EN EL
CURSO DE SU LARGA HISTORIA MUCHAS MANIFESTACIONES DE
PLURALISMO.
Sistemas teológicos como el
agustinismo, escotismo, molinismo y tomismo derivan de
opciones, apreciaciones espirituales e instrumentos
filosóficos diferentes.
El Opus Dei no tiene una escuela
teológica própia
El concilio Vaticano II considera la
diversidad en disciplina, ritos, teología y espiritualidad
como expresión y signo de la catolicidad de la Iglesia.
El método plural en teología presenta
unos límites, que derivan de la misma naturaleza del saber
teológico, y que forman las condiciones mismas de un
pluralismo sin deformaciones.
LOS CRITERIOS EN ESTE CAMPO SON LOS
QUE VIENEN A CONTINUACIÓN.
El pluralismo de la teología debe
construirse sobre el reconocimiento del carácter objetivo y
trascendente de la fe, y de la posibilidad de alcanzar la
verdad.
EL TEÓLOGO HA DE TRABAJAR EN EL MARCO
DE LA FE DE LA IGLESIA.
No todas las verdades de fe poseen el
mismo rango: algunas pertenecen al núcleo central, otras
no.
“Entre las fórmulas dogmáticas, tienen
prioridad las de los antiguos concilios” (Pablo VI, Discurso
11.04.1970).
La distinción entre sustancia y
revestimiento terminológico e histórico posibilita el
pluralismo.
El teólogo no puede alterar la
sustancia con el uso de filosofías inadecuadas.
La teología, como la misma fe
cristiana, está ordenada a nutrir el intelecto del hombre y
la mujer creyentes, y ayudarles a vivir su vocación
cristiana en el mundo.
LA TEOLOGÍA ES PARA LA VIDA.
“Piadosos, pues, como niños: pero no
ignorantes, porque cada uno ha de esforzarse, en la medida
de sus posibilidades, en el estudio serio, científico, de la
fe; y todo esto es la teología.
Piedad de niños, por tanto, y
doctrina segura de teólogos”